Baile Funk – El ritmo de la favela cruza el Atlántico
Cuando el Baile Funk comenzó a resonar en las pistas de baile europeas, muchos intentaron explicarlo con palabras complicadas. "Música del mundo". "Exótico". "Una nueva tendencia de Brasil".
Pero para quienes viven la Diáspora Tropical, la historia siempre fue más simple.
El Baile Funk no es una novedad. Es continuidad. La misma continuidad que conecta un tambor en África Occidental con un terreiro en Bahía, con un sampler en el Bronx, con una caixa de ritmos en una favela de Río.
Un periódico alemán comparó una vez los ritmos con Run DMC o los Beastie Boys. Y sí, la conexión está ahí, pero no porque esos artistas sean "mejores" o "más originales". Simplemente forman parte de la misma diáspora, sampleando a los mismos ancestros, remezclando los mismos ritmos. La única diferencia es la visibilidad: ellos venían del imperio, por lo que sus nombres viajaron más lejos. Pero el Bronx no es más importante que Bahía. Brooklyn no es más importante que Bogotá. La diáspora no tiene un centro.
Desde el principio, DJ Garrincha y el Dr. Sócrates hicieron sus selecciones con cuidado. Sabían que el Baile Funk y el Reggaetón llevaban la fuerza de las calles, pero también, a veces, letras que dañaban a las mismas comunidades que los crearon. Así que el principio era simple: tocar los ritmos sin tocar la opresión. Celebrar la fiesta sin celebrar el machismo. Bailar el ritmo sin bailar con la homofobia.
Esto no es puritanismo. Esto es respeto.
Llevamos este sonido mucho más allá de Berlín. Desde Kiel hasta Krefeld, desde Fráncfort del Meno hasta Fráncfort del Óder, desde Madrid hasta Barcelona, desde Prizren en Kosovo hasta ciudades de toda Europa, dondequiera que la diáspora se reúne, el ritmo la sigue.
Desde las favelas de Río hasta los sótanos y clubes de Europa, el Baile Funk encontró su lugar en la Diáspora Tropical.
Y el ritmo continúa. Con conciencia. Con alegría.

