UNO DE CADA TRES VÍCTIMAS EN GAZA ES UN NIÑO
Der Tagesspiegel - 15.01.09
Mario Curvello
Diário da Cultura
Romanceiro
Hoy es 14 de enero de 2009. Miércoles. Me inclino ante Dios y pienso en mi hija, la menor...
El gran evento será la cena con Arlindo, para la cual me encargó unos bistecs. De esos sin misterios, además de los condimentos. Todavía quiero aprender a preparar dos tipos de bistec, el bistec a caballo —cuya ortografía y significado debo consultar— y el bistec a la milanesa. Ya tuve una experiencia fortuita friendo ambos. Pero aún me falta maestría en su preparación. Consultaré a algún cocinero más, si no logro dominarlo con recetas online o de algún libro. Al organizar todos los libros, me doy cuenta ahora de no haber notado en ninguna de las cajas alguno de mis libros de recetas. Tal vez los vendí en uno de esos desastrosos intentos de aligerar mi colección. Una nimiedad. En una de esas incluso perdí los ejemplares de El Capital, que ahora tanto necesito. Tendré que ir a las bibliotecas para consultarlos. El primer volumen me interesa de inmediato, en términos profesionales, tanto para mi versión alemana del libro de Cafiero, como para una revisión de la edición original brasileña. Los otros me interesan para apreciar con una base más clásica esta crisis actual.
Tengo en la sala el armario atestado de cajas con libros. Serían los libros desechables. Los que me parecieron aún útiles, los tengo en la estantería montada en la cocina. Había pensado, cuando emprendí la organización, en adoptar el principio de "fuera", abajo los libros. Desechables o no. No volver a comprar libros nunca más. Incluso pensaba en reestructurar la disposición de la casa de manera que no hubiera rastro de ni un solo libro. Las lecturas necesarias, incluso el premio de la Lotto, tendrían que hacerse en las bibliotecas. Y Berlín es un encanto de bibliotecas.
Claro que al hartazgo de los libros lo acompañaba una búsqueda, incluso angustiada, de algo realmente vital que pudiera reemplazar radicalmente incluso el hábito de la lectura. Hace mucho que el cine me desinteresa, la película de noventa minutos me parece demasiado, el teatro a veces me da la misma impresión, la música me gusta, pero es circunstancial. La televisión descuidada me infectaría de pereza e idiotez. La que tenía la tiré, también porque quería aprovechar más las pocas visitas de mi hijo. Además, había comprado televisión por él, y también por mí, pensando que con la tele (vídeo, DVD, juegos incluidos) lo tendría con más frecuencia en mi casa. Ese atractivo, o incluso esa apelación, funcionó muy poco, nuestro apartamento se estaba convirtiendo solo en un apéndice para el hábito televisivo, adquirido en el hogar materno. Por suerte, su buen carácter y su naturaleza deportiva y social delimitan el vicio televisivo. ¡Increíble, aún con sus dificultades para disfrutar de actividades alternativas, lo que ya hemos logrado, sin mencionar la intensificación de nuestras conversaciones! Desde arreglar bicicletas, años olvidadas en el sótano y en la calle, y activar la calefacción de carbón, hasta confidencias sobre sus perspectivas para el futuro.
Por último, me dio mucha alegría cuando me reveló el deseo de convertirse en mecánico de automóviles. Finalmente, algo diferente de lo de antes: street-dancer, músico rapero, hip-hop, actor, modelo, esas tentadoras vocaciones filtradas principalmente por los medios televisivos. Claro que en la televisión alemana hay buenos programas educativos y formativos. Pero el énfasis, donde el entorno (hogar, escuela, barrio) es frágil para resistir, recae en la fantasía de "quién quiere ser millonario"...
El día pasó y ya es quince. 15 de enero de 2009. Dentro de diez años más, será el centenario de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Existe una hagiografía marxista, ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni siquiera el Che, se inscriben en ella. Están en un círculo aparte, sin Beatriz también, no desfilan con Mao o Stalin por el purgatorio. De esto Fidel también escapará, sin que San Pedro le abra las puertas del Cielo. En verdad, Dante fue parco, hay muchos más círculos entre el infierno, el purgatorio y el paraíso de los que imaginó para toda su Comedia. Estamos a casi un centenario de las ejecuciones de Rosa y Karl, y parece que fue ayer. La contemporaneidad de la resistencia por la que se sacrificaron está ahí, en toda su globalidad.
Resistencia. Tendría mucho que comentar si no fuera por el formato diario de este romanceiro. Resistencia de los palestinos, resistencia del Tíbet, resistencia de Stauffenberg. Me puse de cabeza, intentando una visión más clara para llegar a algún concepto de resistencia.
Lo que hasta ahora me ha parecido más ejemplar en cuanto a resistencia fue la de los esclavos traídos de África y la de sus descendientes en las Américas. Comparables etnológicamente a la de los judíos bajo el señorío egipcio. Moisés la culminó, llevando a su pueblo lejos de las garras del Faraón. Pero los negros resistieron mucho más tiempo, fueron cuatro siglos, genocidios tras genocidios, incontables suicidios en alta mar y en esas tierras. Suicidios puros, aislados y rebeldes. No los suicidios-arrastrón actuales, mezclados con homicidio. Pero no me convencen como resistencia ni el suicida por el sufrimiento de la esclavitud, ni el suicida fanático, partidista o religioso. El suicida por la esclavitud me recuerda de lejos al viviente de hoy, condenado por algún mal diagnosticado como incurable y que busca, en Suiza, alguna institución eutanásica para abreviar sus días. No existía entre los esclavos la práctica del suicidio colectivo, salvo por razones de honor político y militar, ante la rendición inminente al enemigo. El episodio final del Quilombo dos Palmares, con la prominencia de su líder Zumbi, es el más conocido. Con su muerte también se desvanecieron los primeros sueños de una República en Brasil, aún colonial, siglo XVII. Aunque pactos de sociedad suicida ocurrieron durante la esclavitud, predominó de lejos el suicida solitario.
El esclavo nunca fue "terrorista", como por principio lo fueron sus verdugos. Tampoco calló, impuso subrepticiamente cultura y se aculturó. Me siento tentado a llamar a ese modelo de resistencia, resistencia dialéctica. .
Resistencia. El tema me dio muchas vueltas en la cabeza, me trajo de vuelta al oficio de historiador, me reavivó la aversión anti-nietzscheana; sí, la Historia es un conocimiento útil, fundamental. Mínimamente para el propio historiador. Ahora lo tengo proyectado, elaborado en forma académica. Curso y paper.
La cena con Arlindo, como había previsto antes, fue el gran acontecimiento del día. También me despertó la llamada de mi hija menor, hablando de sus éxitos escolares y de la visita de los bisabuelos por la tarde. Lo que le impediría, incluso si quisiera, aceptar la invitación para cenar con su hermano.
Podría haber puesto un poco más de sal en el bistec. Los frijoles negros, bien cocidos, me parecieron en su punto. El arroz fue simplemente pragmático, de esos que se dejan cocinar en la bolsita. Teníamos a disposición harina de mandioca, un toquecito bahiano. Del molho de pimiento, como yo mismo lo había preparado, terminé quitando el picante de Tailandia, quedó más bien como una salsa, no desentonó con el sabor ligero de los frijoles. En fin, a Arlindo le gustó. Luego el té helado, olvidé ofrecer el helado de postre, nos quedamos con el pastel de chocolate, acompañando mi café.
Mientras yo cocinaba, Arlindo activaba la calefacción de la habitación. Me sorprendió, porque estaba leyendo un libro, una tarea indicada por la profesora. Me dijo que le estaba gustando, que lleva la mitad de las trescientas páginas. Lo vi leyendo en la cama, para dormir. Claro, no hice ningún comentario, ya es mucho que lea un libro. Solo le sugerí que tuviera a mano lápiz y papel para ir anotando lo que le pareciera interesante. Ayudaría en los ejercicios que la profesora le pondría sobre la lectura que hacía. Antes de sugerirle que lea en el escritorio, tengo que conseguirle espacio para ello.
Pero no le dio tregua al televisor. Naturalmente, no pude esquivar su petición, de días antes, de que viéramos una película (DVD) esa noche de nuestra cena.
Sigo sin televisión, pero acabo de instalar un PC con canal para DVD, CD, etc. Estrenamos ese progreso hoy. Había elegido en la tienda cercana, donde tengo tarjeta, una comedia que carnavaliza un poco el conflicto Palestina-Israel, siendo el héroe judío. Nada mal en el género. Hay momentos graciosos, además de un encanto erótico fuera de la rutina cinematográfica actual. Nada nocivo para el adolescente, me pareció. Al final no pude disimular mis cabezadas aquí y allá, no quería parecer desatento a lo que a él le estaba gustando. Nada grave, infirió que yo estaba cansado.
Había dudado sobre el lugar de la película en nuestra cena. Si la destacaba, y la veíamos después de la cena. Aquí tenía el argumento de que sería muy tarde, la escuela mañana temprano. O si ya la poníamos durante la cena. Así fue, y él apagó la luz de la sala, así, un poco a su arbitrio, sin preguntarme. Todo bien. Tampoco ayudó a recoger los platos y cubiertos. Todo bien. Conversamos un poco más, y él se retiró a la cama, donde continuó leyendo. Es una novela de 1980, de Otfried Preußler, Krabat. Salió para la escuela, olvidándolo en casa. Acaba de llegar a buscarlo. 15:28 h.
Y así transcurrió. Por la mañana lo desperté y le preparé la merienda para la escuela. Volví a la cama para dormir unas dos horas más. Me había acostado a las cinco de la mañana, escribiendo.
La chica que quiere hacer prácticas conmigo, todavía se muestra confusa, dejó un mensaje. La aspiradora que era para el pasillo, el técnico no pudo arreglar, biblioteca, todavía tuve tiempo de echar un vistazo a los periódicos. El correo trajo una nueva e infundada cobranza.
La fusión en términos de ubicación del Clube B-15 –antes Brasil 1500– con el Tangará fue, para mí, la mejor novedad de la cultura brasileña en estos últimos tiempos. La receptividad -sigo insistiendo en esta tesis- de la cultura brasileña en Berlín -no quiero hablar de otras ciudades y países- sigue siendo baja. Han desaparecido locales, los conciertos, etc. se han reducido. La situación es crítica. La ubicación del Tangará, que ya se ha consolidado como instituto de danzas, es muy propicia para la movilidad del brasileño en Berlín: en Kreuzberg y muy cerca del metro. Y el B-15, con música en vivo los fines de semana, mantiene en su programa lo más vibrante y competente en samba, forró y otras bossas: Jabuti, Abrão, Waldir, Novinho. La selección de la samba en Berlín... Pero ahora os dejo con el mensaje de los propios. ¡Ay, Diário! Gracias,
Mario Curvello