Todo lo que no somos y nunca llegaremos a ser
– la posición de Tropical Diaspora® Records ante la apropiación cultural

Permítannos comenzar diciendo que el lenguaje en el que escribimos nos es extraño. Pero al igual que otros instrumentos de comunicación el lenguaje es también un escenario de lucha. Usamos el lenguaje como un arma.

La cultura de los pueblos colonizados es organizada en las metrópolis del mundo occidental. Ha sido incorporada al sistema de clasificación cultural de occidente. Etno, Afro, Latino, World… son todos nombres que le otorgan al hombre occidental medios de reconocimiento y diferencia: que sea Afro quiere decir que no le corresponde. Todo ello parece llevar el sello del intercambio cultural, pero no es así. Para nosotros es muy problemático. ¿Por qué? Hemos de advertir que consideramos la cultura de los colonizados como una cultura que se produce fuera de occidente o en occidente pero por no occidentalizados, y opuesta a la cultura del colonialista. Huelga decir que Occidente es principalmente Europa y América del Norte, si excluimos México y todos aquellos territorios habitados por pueblos nativos.

Nos encontramos en una situación en la que Europa se sitúa en el centro. Todo sistema con un centro contiene periferias. Éstas han sido creadas por la voracidad del centro, mientras que el centro funciona como punto de referencia para sus periferias; podríamos decir que como un espejo en el que las periferias se ven reflejadas, aunque no como ellas son sino como deberían ser. A través de los medios técnicos de reproducción, los canales de distribución y el fetichismo de las redes sociales que actúan como la auténtica esfera pública prometiendo acceso por igual, el colonialista le dice al colonizado: mira lo que hemos conseguido, ¿no te gustaría ser como nosotros?

Este sistema de centro-periferia se viene de la época moderna; lleva con nosotros desde el nacimiento del capitalismo. Diríamos incluso que es una invención propia de la época moderna. Y ello tiene consecuencias, porque la modernidad coincide con el llamado descubrimiento del Continente Africano y las Américas. Los barcos dedicados al comercio de esclavos fueron el terreno experimental para el desarrollo posterior de la fábrica capitalista que habrá de esclavizar millares por todo el mundo. Las minas explotadas en las Américas habrán de pagar la revolución industrial europea. Las famosas minas de Potosí y la expresión, aún en uso, vale un Potosí, simbolizan un desarrollo económico y social con la ayuda del cual el centro creció, y sigue creciendo, a costa de las periferias. Las historias acerca del vampiro y el zombi son algo más que narrativas simbólicas. Describen gráficamente el mundo del trabajo capitalista esclavo globalizado.

El europeo blanco que muestra su preocupación por las periferias nunca se ve como un colonialista sino como un salvador. ¿Por qué es así? ¿Por qué el europeo se posiciona siempre como un salvador? Europa ha sido construida como una cultura de salvadores que lo saben todo mejor acerca de los Otros en la periferia. Las clasificaciones de Linnaeus, el amor de Humboldt por la flora de las Américas son cómplices de la pasión de Rhodes por el telégrafo y el retrato de Elihu Yale, quien dio su nombre a la famosa universidad, mientras disfruta de una taza de té acompañado de un joven esclavo africano encadenado. Europa es el lugar de una cultura que se otorga el derecho de saber y salvar. Pero, ¿a quién salva Europa y de quién la salva? Por supuesto, Europa piensa que salva a los otros de sí mismos: de su corrupción, de su ignorancia y atavismo, de sus males innatos… Recientemente, un joven filósofo alemán afirmaba lo siguiente: “gracias a su pasado Europa está mejor capacitada para encontrar respuesta a los deseos por alcanzar justicia social y democracia para el futuro de la humanidad”. Un comentario ciertamente extraño. El joven pensador alemán es un ignorante. El poema de Ikwunga nos muestra claramente cómo se ha capacitado Europa para salvarnos de todos los males; desvela las consecuencias de la ceguera del filósofo.

Las bombas son hechas en Londres
Pero los bombardeos son en Congo,
Los bombardeos son en Togo.
Los tanques son fabricados en Rusia
Pero cañonean en Angola,
Cañonean en Ruanda.
Los cazas son construidos en Alemania
Pero los ataques son en Freetown,
Los ataques son en Asmara.
Las bazucas son de Nueva York
Pero bazucan en Nigeria,
Bazucan en Mogadiscio.
El cacao crece en Nigeria
Pero compramos el chocolate de Bélgica.
La caña de azúcar crece en Jamaica
Pero el té se endulza en Toronto,
La vida es dulce en Toronto.
Los diamantes se extraen en Sierra Leona
Pero ellos no tienes manos para pillarlos,
No tienen manos para llevarlos.
El oro es abundante en Kinsasa,
El oro es abundante en Maputo
Pero ellos lo guardan en bancos suizos.
El algodón florece en Mali,
El algodón crece en Camerún
Pero queremos pantalones de París
Compramos ropa usada de París.

Echémosle un vistazo a una compilación de la llamada World Music, como se hace comúnmente en los sellos de Europa y los Estados Unidos de América. La producción es la mejor, la edición es magnífica. Gracias a los medios técnicos de reproducción el colonialista afirma su superioridad, su domino. Se preocupa. No hay queja. Seguro que sabe cómo hacer las cosas bien. Una música salsa se publicita con el nombre de su productor occidental en un canal de YouTube. Ritmos africanos de Barranquilla son grabados de forma que el oyente occidental los pueda reconocer como africanos. Los sonidos de la Amazonia se transforman en un mito que necesita ser rescatado del olvido; y cuando Dona Onete lanza un nuevo video clip los tiburones de la industria musical se vuelven locos: ¿cuál de ellos recibirá el reconocimiento por ello? Mientras tanto, Bob Marley despreciaba la versión que hizo Eric Clapton de “I shot the sheriff” porque obviamente no había entendido nada. Las poderosas instituciones culturales de los estados nacionales europeos apoyan felizmente esta penetración colonialista en el nombre del Otro porque se lo saben mejor. Así acabamos celebrando los logros de Humboldt como si fuesen los nuestros propios.

El colonialista ve al nativo como una presa. El nativo ve al colonialista como un depredador, parafraseando una conocida parábola acerca de las relaciones en la selva tropical por un reconocido antropólogo.
Sin embargo, existe una trampa. Debido al poder que Occidente ejerce a través de sus redes de distribución que difunden en todo el mundo una ideología de cura y recuperación, y gracias al fetichismo técnico que profesa, las compilaciones de World Music se convierten en el estándar acerca de la cultura del colonizado. Son grabaciones de mesa de café, la oportunidad para entablar conversaciones inteligentes entre gente educada al mismo tiempo que perpetúan los mitos de autenticidad con los que normalmente se etiquetan las culturas “primitivas”. Refuerzan la creencia de que estás bien informado acerca de la cultura del Otro, la cultura del colonizado. Esto es exactamente lo que viene a decir el síndrome de Marco Polo. Cuando la cultura del Otro llegó a ser conocida a través de los ojos del famoso mercante italiano, nos decepciona que el Otro no se comporte como Marco Polo nos enseñó, y demandamos que lo haga así. La World Music fuerza a los pueblos a comportarse según el estándar de Marco Polo. En el encuentro cultural los occidentales crean estereotipos con la ayuda de dinero corporativo. Las creencias corporativas son incorporadas al mecanismo de colonización, mientras que la política cultural de los estados nacionales europeos cosecha los beneficios. La filantropía como un chiste malo.

Aunque esto no es lo peor. Lo peor es que el conocimiento adquirido puede ser usado para hablar con el colonizado sobre su propia cultura; de hecho, para enseñarle acerca de su propia cultura, para mostrarle de qué manera su cultura debe ser representada… cocinada y engullida. Al final se convierte en el único medio que el nativo tiene para hablar de su propia cultura.

Los colonialistas siempre se han concedido el derecho de representar a los Otros, de equipararlos a sus propios logros científicos y artísticos. Los sellos discográficos perpetúan esta situación cuando crean con las grabaciones el plano en el que aquellos que figuran son mantenidos con vida como Otros, el extraño sujeto de la curiosidad y el examen colonialista. Las palabras Afro, World, Ethno, Latino… dan la impresión de universalidad. Pero es una tergiversación. A través de las grabaciones el colonizado aprende a actuar como Africano, Latino, Nativo a los ojos del supremacista blanco. Ello quiere decir que el colonizado ha sido despojado de su propia humanidad y universalismo y transformado en una marioneta.

Todo esto es lo que Tropical Diaspora® Records no es y nunca llegará a ser.

Nuestro agradecimiento a Frantz Fanon, siempre una fuente de inspiración.